CÓMO CREAR por
Alberto M. Caliani
Escribir
es un trabajo que ocupa veinticuatro horas al día. El proceso creativo es mucho
más que sentarse ante la pantalla vacía de tu ordenador y empezar a juntar palabras
con cierto sentido. Siempre hay una idea inicial que es origen primigenio de
esa historia que te mortificará durante incontables noches y que te hará
empezar a vivirla en tu duermevela durante meses, incluso años, y cuyo proceso
de gestación, además de ser a veces doloroso, tiene una duración incierta. Si
eres escritor, ha llegado el momento de coger al gorila por los huevos y plantearte
la posibilidad de organizar ese caos imaginario para construir algo tangible:
tu obra.
Cualquier cosa puede disparar ese
proceso en el que una mano invisible arroja una semilla en el campo de cultivo
de tu mente y hace que florezca el milagro de la creatividad. El detonante
puede ser una experiencia propia o ajena, una película, una imagen en las
noticias, un libro o una epifanía ninja que te ataca a traición. No busques
culpables: tu cerebro se acaba de quedar preñado y es tu decisión dejar
hibernar a ese embrión per sécula seculórum
o llevar el embarazo a buen puerto y acabar pariendo una criatura que estarás
deseando mostrar al mundo. Luego serán el público, los lectores y la crítica
quienes le den el lugar que se merece en el panorama literario. Quien sabe: tal
vez tu hijo sea recordado por generaciones venideras..., o puede que caiga en
el mayor de los olvidos.
En este artículo explicaré cómo
funciona en mí este proceso creativo, y ya os adelanto que me veo capaz de
enfocarlo desde distintas perspectivas, ya que este ha ido mutando a través de
las dos novelas que he escrito hasta la fecha («El secreto de Boca Verde» y «La
conspiración del rey muerto») y de la que estoy escribiendo ahora mismo y que
está en un estado muy avanzado de gestación (a esta última la llamaremos
«Proyecto impío»)
PLANIFICACIÓN VS.
IMPROVISACIÓN
A
los amantes de las etiquetas les priva catalogar a los escritores como navegantes
de brújula o mapa. Yo tengo en consideración también a los que van con GPS (una
mezcla de los anteriores), y ahora explicaré mi versión de cada uno de ellos,
ya que cada una de mis novelas ha sido escrita siguiendo un método distinto.
Ojo, esto no fue premeditado: creo que la experiencia y el oficio te van
dirigiendo, sin saberlo, hacia tu forma más eficaz de trabajar. En 2003, cuando
empecé a escribir «El secreto de Boca Verde», tardaba dos días en escribir quinientas
palabras y el resultado era pésimo: sobreadjetivación, frases larguísimas,
descripciones insoportables, exceso de información... Y lentitud, mucha
lentitud y parones terribles. Hoy día, escribir dos mil quinientas o tres mil
palabras en dos o tres horas es algo normal para mí. No os voy a engañar, no es
habilidad: es oficio; es escribir durante años a diario e ir absorbiendo
técnica sin darte cuenta siquiera de que la absorbes. ¿A que no recuerdas
cuando empezaste a hablar? De repente hablabas, pero tardaste de quince a veinticinco
años en hacerlo realmente bien y expresarte con una propiedad acorde con la
plenitud del conocimiento. Esto es igual. Si escribes (y lees, ojo, esto es
importantísimo) a diario durante quince o veinte años, muy torpe debes de ser
para hacerlo mal. Y cuidado, que nunca dejamos de aprender.
LA BRÚJULA: ¡QUE VIVA LA
AVENTURA!
«El
secreto de Boca Verde» fue mi primera novela y, reconozcámoslo, no tenía ni
puta idea del oficio de escritor. Sabía mezclar ideas con palabras como un
puñetero aficionado, por eso tardé tanto tiempo en terminarla: había que
rehacerla una y otra vez, hasta que quedó decente.
Para mi ópera prima fui un absoluto
escritor de BRÚJULA. Empecé a
navegar —muy apropiado, porque el libro empieza con una canoa a la deriva, que
así iba yo más o menos— sin tener ni idea de dónde quería llegar, ni lo que me
iba a encontrar por el camino. El germen de «Boca Verde» nace de mi deseo de
escribir una historia de conquistadores, y termina siendo un thriller de
aventuras con toques sobrenaturales y de ciencia ficción. Este es el efecto
brújula: sabes más o menos el punto cardinal al que te diriges, pero vas dando
bandazos gran parte del tiempo. La historia se fue creando capítulo tras
capítulo, con unos personajes principales que fueron mutando: unos tomaban
protagonismo, otros acabaron con un papel menguado e incluso otros
desaparecieron sin dejar rastro. Poco a poco, el argumento fue tomando forma
hasta convertirse, después de cinco años, en un libro que ha encandilado a la
inmensa mayoría de sus lectores.
Fue divertidísimo escribirlo, ya que
me iba sorprendiendo conforme lo hacía. Yo fui el primero en vivir la aventura
que muchos de vosotros conocéis. Me fui documentando mientras la escribía —otra
labor apasionante—, y contemplé la selva, sus secretos y la fauna humana que la
infestaba con ojos de descubridor. Una experiencia maravillosa..., y muy larga.
Al final, fueron 289.000 palabras
(después de recortar información superflua) de una historia construida con un
fuerte armazón aunque sin planos, con múltiples subtramas, que llega con
facilidad al lector sin dejar flecos sueltos. El cómo acabé llegando a puerto
todavía es un misterio para mí. Creo que si tuviera que repetir algo así en la
actualidad, a pesar de todo lo que he aprendido durante estos años, fracasaría.
Para colmo, no soy el típico escritor que toma notas: tengo una memoria
selectiva acojonante para ciertas cosas (soy malísimo para recordar nombres y
caras, pero si se me ocurre una idea a las 4 AM, no se me olvidará jamás, aunque
no la anote). En definitiva: que «El secreto de Boca Verde» me saliera como me
salió, improvisando durante años, fue un verdadero milagro.
PROS
DEL SISTEMA BRÚJULA:
* Método muy divertido. Sorprende
hasta al propio autor.
* Al estar abierto a la improvisación,
la historia irá cambiando conforme la escribes, lo que puede desembocar en
momentos formidables.
* La mayoría de las veces, las ideas
geniales son geniales de verdad.
* Para autores increíblemente
creativos, este método, aunque caótico, es el mejor.
CONTRAS
DEL SISTEMA BRÚJULA:
* La suerte es un factor importante:
no siempre se nos ocurren las mejores soluciones para ciertas situaciones. Es
la desventaja de la improvisación, que dependemos mucho de la inspiración.
* Tendrás que revisitar muchas veces
capítulos anteriores para acoplar la narración a los acontecimientos que vas
desgranando. Esto a veces se convierte en una pesadilla y corres el peligro de
dejar cabos sueltos o incongruencias que luego no tienen remedio. Y ojo, que
los corta/pegas, eliminaciones y cambios dejan luego mucha basurilla en forma de erratas, repeticiones de palabras y otras
lacras.
* Sufrirás parones creativos y
frecuentes atascos, lo que alargará el tiempo de escritura hasta límites
insospechados. Una novela que podrías acabar en 6 meses se te puede alargar
hasta dos años o más con facilidad pasmosa. Estos parones son los cementerios
de muchas obras buenas: hay quien se atasca y tira la toalla.
* Si por el contrario, estás en un periodo
de mucha creatividad y para ti no existen esos bloqueos, la extensión de la
obra correrá peligro de dispararse hasta el infinito. Te gusta tanto tu obra
que no deseas que termine. Cuidado: aunque vayas sin rumbo, hay que saber
parar.
* Careces del control de la
historia, aunque te parezca que lo tienes. Se produce el síndrome del «yo
controlo» de las drogas: te crees que controlas, pero vas dando bandazos.
EL GPS: NAVEGANDO HACIA
UN PUERTO MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE
Mi
siguiente obra fue «La conspiración del rey muerto», una novela histórica basada
en una idea de uno de mis mejores amigos, José Miguel Recio, que es el padre de
la criatura. Yo puedo decir con orgullo que soy la madre. Él puso su semilla en
mí y yo crié a sus personajes hasta desarrollar una historia que cubre
veinticinco años, desde 1578 a 1603. José Miguel Recio tenía muy claro cómo
empezaba la novela y cómo se desarrollaba al principio, y también una imagen
cristalina del final. Pero, ¿qué pasaba durante esos veinticinco años?
Con estos datos apuntados en unos
folios, emprendí este nuevo viaje usando el sistema del GPS: sabía de dónde partía y dónde quería llegar, pero no por dónde
me llevaría la aventura. En esta ocasión, tenía un poderoso aliado a mi favor:
la Historia. Entrecruzando personajes que existieron en realidad con otros
paridos de la imaginación de Recio o de la mía propia, fui creando sus vidas y
vivencias, sus alegrías y pesares, y una trama cargada de acción, guerra y
conspiraciones. Aquí sí que me vi obligado a tomar notas y a hacer ciertos
esquemas para no sacar los pies del tiesto y que algún erudito me pusiera la
cara colorada. Incluso viajé al Escorial, a Palos de la Frontera (esto fue para
subir a bordo de una carabela y hacer un completo reportaje por dentro; mi
grupo de aventureros se mueve por mar a bordo de la Cruz do Sul, un velero de
este tipo) y a Sanlúcar de Barrameda, lugares clave de la historia.
PROS
DEL SISTEMA GPS:
* Te da juego para improvisar,
aunque te mantiene en unos parámetros más controlados que cuando navegas a
brújula, así que lo más probable es que no desbarres mucho ni te alejes
demasiado de la trama principal.
* Al conocer las etapas finales de
la historia, es más fácil encarrilar la narración.
* Puedes disfrutar del factor sorpresa
durante muchos capítulos, y la experiencia será, sin duda, divertida y
gratificante.
CONTRAS
DEL SISTEMA GPS:
* Los mismos que el sistema BRÚJULA
pero muy minimizados, a excepción del último, ya que al conocer el final de la
historia podrás evitar esos bandazos.
EL MAPA: LA DISCIPLINA
ME HARÁ EFICAZ
Por
último, estoy trabajando desde finales de mayo de 2014 en el «Proyecto impío»
(no se titula así, es por llamarla de alguna forma sin revelar su título), una
novela de terror demoníaco que abandoné en 2010 para sumergirme en «La
conspiración del rey muerto». Es menos extensa que las anteriores (289.000
palabras «Boca Verde» y 202.000 «La conspiración»). Aquí sabía cómo quería que
fuera el final y ya tenía escrito un cuarto de la misma. La he retomado después
de once años de escribir prácticamente a diario, y con una herramienta que,
cuando la conoces, se te convierte en indispensable: el Scrivener, un software
específico para escritores. Y aquí, queridos amigos, decidí usar el sistema del
MAPA.
Antes de proseguir, os diré que
nunca jamás he escrito una novela en un solo archivo de Word. Siempre lo he
hecho capítulo por capítulo, numerados, poniéndole a cada uno de ellos un
nombre descriptivo de trabajo para saber qué demonios pasaba en él. Unos
ejemplos imaginarios:
1 – Capítulo I, inicio, presentación
de protagonista, encuentro con fulano, descripción breve de la Isla Wight.
2 – Capítulo II, protagonista pelea
contra Rogers. Este, derrotado, entrega perla negra al prota, que luego conoce
en taberna a la chica.
Todo esto, en una carpeta, te
permite revisitar luego capítulos anteriores echando solo un vistazo a su
título. Una vez tienes todos los capítulos listos, los unes en un solo archivo
de texto y ya tienes el manuscrito terminado. Con este sistema de trabajo, es
lógico que me enamorara del Scrivener a primera vista.
Explicado de forma muy somera, el
Scrivener se divide en tres zonas distintas: la central, que es el procesador
de textos en sí; la de la izquierda, en la que podrás dividir la novela en
diferentes capítulos, además de colocar en forma de árbol de archivos bases de
datos de personajes, de localizaciones, investigación, fotografías... Lo que te
dé la gana. Y podrás viajar de uno a otro con una facilidad pasmosa, incluso
trabajando con dos ventanas a la vez (por ejemplo, en una escribiendo tu obra y
en la otra archivos de documentación) y sin salir del programa. A la derecha,
hay un bloc de notas donde puedes hacer diabluras, aunque yo me limito a
escribir sinopsis de cada capítulo; resúmenes escritos de cualquier manera que
forman el esqueleto de la historia y que luego desarrollas en el procesador de
textos. Gracias al Scrivener, quise probar el sistema más profesional y
controlado de escritura de todos: el MAPA.
Es el que usa la mayoría de escritores profesionales y, si bien siempre he
abogado por la improvisación y la libertad, este sistema ha acabado
demostrándome que es el mejor.
En el Scrivener, divido en su zona
izquierda la novela por capítulos, y en la zona derecha voy haciendo un resumen
de lo que va a suceder. Cada vez que aparece un personaje nuevo, creo una ficha
suya con sus características principales, y los voy organizando en subcarpetas
que me permitan una pronta localización. Hago lo mismo con enclaves importantes
cuya descripción vaya a ser relevante en la historia. Abajo de todo, también en
la zona izquierda del Scrivener, tengo un apartado de documentación.
Es ahora cuando toda nuestra
creatividad en bruto debe salir a la luz. Vamos a crear la estructura de la
novela trabajando en la zona derecha del Scrivener. Olvídate de giros
lingüísticos, de la prosa, de los diálogos y de cualquier otra cosa. Aquí hay
que plantar idea tras idea. ¿Qué pasará en el capítulo 1? ¿Cómo lo enlazo con
el 2? Que no te preocupe que nadie, excepto tú, pueda entender lo que escribes
ahí. El objetivo es que esté claro para ti. Si la idea en tu mente es más o
menos nítida, en unos días, como mucho en unas pocas semanas, te darás cuenta
de que tienes tu historia escrita de principio a fin, con los conflictos,
subtramas y giros que hayas querido darle. ¿Que tienes que corregir o cambiar
algo? Lo encontrarás fácilmente en ese armazón. Una vez todo este proceso esté
cerrado, ya tienes tu MAPA: es
momento de escribir capítulo por capítulo tu novela.
En esta segunda etapa es cuando
escribes la novela en sí, ciñéndote lo más posible al mapa creado. ¡Atención!
El mapa tiene sus carreteras, pero tú eres un todo terreno. Si bien navegarás
de forma más rápida y recta hacia tu objetivo —el final—, nada ni nadie te
impide hacer una parada en el camino más larga de lo programado o salirte de la
pista para una fiesta sorpresa que no estaba prevista en tus sinopsis. No solo
es lícito, sino que os animo a hacerlo. Veréis cómo teniendo un mapa que seguir
sabréis regresar de nuevo a vuestro objetivo principal con facilidad. Además,
si veis que necesitáis dar un cambio radical al futuro de vuestra historia,
siempre podéis regresar a la fase de planificación y cambiar el mapa. Una vez
cambiado, retomar esa nueva ruta será muy fácil.
PROS
DEL SISTEMA MAPA:
* El proceso de creatividad en bruto
se da en una fase temprana, por lo que acabarás teniendo una visión muy clara
de la obra de principio a fin.
* Trabajando con un guión previo, escribirás
con la tranquilidad de tener que crear poco, así que podrás enfocar tu atención
en el ritmo y la prosa, y los resultados serán más rápidos y hermosos. Eso te
animará: verás cómo tu obra crece y toma forma delante de tus ojos.
* Tendrás mucho más control en general, sobre
todo en la extensión del manuscrito. Es raro que se te dispare trabajando con
este método.
* Una vez más te advierto y te animo
a la vez: si durante el proceso de escritura se te ocurre una idea genial, abandona
momentáneamente el mapa, ejecútala y luego regresa a él. Por muy buen sherpa
que seas, siempre estás a tiempo de descubrir otra senda o un atajo.
CONTRAS
DEL SISTEMA MAPA:
* Si eres un tipo
extraordinariamente creativo y no has plasmado todas tus ideas en el esqueleto
de la novela, te puede llegar a aburrir un poco.
* Lo que escribes no te sorprenderá:
lo sabías de antemano.
He
hablado aquí del uso del Scrivener, pero la mayoría de la gente construye su
mapa literario a base de notas manuscritas, documentos impresos, fichas de
cartón para los personajes, etc. Hay mil maneras de organizarse para llegar al
mismo objetivo: escribir una buena novela, atractiva y bien armada.
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Pantalla del Scrivener del "Proyecto impío" (Parcialmente censurada) |
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Bocetos
de mapas de "El secreto de Boca Verde" (que no tienen nada que ver con
el mapa literario del que se habla en este artículo) |
Por mucho tiempo que lleves
escribiendo, te invito a probar un método distinto al que usas de forma
habitual. Es posible que te lleves una sorpresa agradable y descubras un
sistema que te permitirá escribir mejor o, al menos, explorar territorio
desconocido, que siempre viene bien. Ya sabes que en este oficio nunca
terminamos de aprender.
Si alguien quiere conocer más detalles
sobre mi visión del proceso creativo, que no se corte en preguntarme a través
de este mismo blog o a través de Facebook. Para mí ha sido un placer compartir
todo esto con vosotros desde "La Ventana Secreta", y desde aquí le
doy las gracias a Víctor Cifuentes por haberme dado la oportunidad de
expresarme desde su página. :)